Friday, April 17, 2009

Menos rock que Lita de Lazzari


"Ay, estos muñecos de la Rolling Stone..." (Ian Curtis)

Que la Rolling Stone es un mamerto, no caben dudas. Pero hay veces que llegan a límites insospechados de patetismo. En este caso, confeccionaron la lista intitulada "Los 100 mejores cantantes de la historia del rock". Nótese que remarco la palabra en cuestión. Para realizar la elección combinaron periodistas especializados y ejecutivos de cmpañías disqueras -léase un combo de inimputables que jamás tocaron un instrumento- y -he aquí lo peor- verdaderos músicos, cantantes y estrellas del firmamento rockero. Entre ellas se destacan nombres como Bono, Ian Atsbury, Keith Richards, Sebastian Bach, Ginger Baker, Chris Cornell, Alice Cooper, Ronnie James Dio, Mick Fleetwood, Tony Iommi, James Hetfield, Ronnie James Dio... y unos cuantos más. Que estos muchachos hayan elegido a cierta gente, y dejado afuera a otra es realmente difícil de explicar. Que algunos de ellos se dejaran afuera a sí mismos, solo puede ser comprendido en un exceso de modestia o que se quisieron pasar de cools. ¿Cuál fue el criterio? ¿El virtuosisimo? ¿La onda? ¿El frontmanship? ¿La capacidad como compositor? La elección no deja nada claro. E igual no importa, porque hay nombres que simplemente no se pueden dejar afuera, sea cual sea el criterio. Y menos aún para poner personajes que... ¡no hacen rock! En fin, que la lista es una mierda. Ahí va...

1- Aretha Franklin (No es rock)
2- Ray Charles (No es rock)
3- Elvis Presley
4- Sam Cooke (No es rock)
5- John Lennon
6- Marvin Gaye (No es rock)
7 Bob Dylan
8- Otis Redding (No es rock)
9- Stevie Wonder (No es rock)
10- James Brown (No es rock)
11- Paul McCartney
12- Little Richard
13- Roy Orbison
14- Al Green (No es rock)
15- Robert Plant
16- Mick Jagger
17- Tina Turner (No es rock)
18- Freddie Mercury
19- Bob Marley
20- Smokey Robinson (No es rock)
21- Johnny Cash
22- Etta James (No es rock)
23- David Bowie
24- Van Morrison
25- Michael Jackson
26- Jackie Wilson (No es rock)
27- Hank Williams (No es rock)
28- Janis Joplin
29- Nina Simone (No es rock)
30- Prince
31- Howlin’ Wolf (No es rock)
32- Bono
33- Stevie Winwood
34- Whitney Houston (No es rock)
35- Dusty Springfield (No es rock)
36- Bruce Springsteen
37- Neil Young
38- Elton John
39- Jeff Buckley
40- Curtis Mayfield (No es rock)
41- Chuck Berry
42- Joni Mitchell
43- George Jones (¡¡¡¡¡Era un DJ!!!!)
44- Bobby "Blue" Bland (No es rock)
45- Kurt Cobain
46- Patsy Cline (No es rock)
47- Jim Morrison
48- Buddy Holly
49- Donny Hathaway (No es rock)
50- Bonnie Rait
51- Gladys Knight (No es rock)
52- Brian Wilson
53- Muddy Waters
54- Luther Vandross (No es rock)
55- Paul Rodgers
56- Mavis Staples (No es rock)
57- Eric Burdon
58- Christina Aguilera (No es rock)
59- Rod Stewart
60- Björk
61- Roger Daltrey
62- Lou Reed
63- Celine Dion (No es rock)
64- Axl Rose
65- David Ruffin (No es rock)
66- Thom Yorke
67- Jerry Lee Lewis
68- Wilson Pickett (No es rock)
69- Ronnie Spector (No es rock)
70- Gregg Allman
71- Toots Hibbert
72- John Fogerty
73- Iggy Pop
74- James Taylor (No es rock)
75- Dolly Parton (No es rock)
76- Steve Perry
77- Merle Haggard (No es rock)
78- Sly Stone (No es rock)
79- Mariah Carey (No es rock)
80- Frankie Valli (No es rock)
81- John Lee Hooker (No es rock)
82- Tom Waits
83- Patti Smith
84- Darlene Love (No es rock)
85- Sam Moore (No es rock)
86- Art Garfunkel
87- Don Henley
88- Willie Nelson
89- Solomon Burke (No es rock)
90- The Everly Brothers
91- Levon Helm
92- Morrissey
93- Annie Lennox
94- Karen Carpenter
95- Patti LaBelle (No es rock)
96- B.B. King (No es rock)
97- Joe Cocker
98- Stevie Nicks
99- Steven Tyler
100- Mary J. Blidge (No es rock)

De "Los 100 mejores cantantes del rock", hay al menos 43 que no hacen ni hicieron rock, sino pop, soul, r&b, blues y cualquier otra cosa. Y, por ponerlos a ellos, quedaron afuera nada más y nada menos que:
1- Grace Slick
2- Graham Nash
3- David Crosby
4- Stephen Stills
5- Rob Tyner
6- Ray Davies
7- Jimi Hendrix
8- Steve Marriott
9- Ian Gillan
10- David Coverdale
11- Ronne James Dio
12- Bon Scott
13- Ozzy Osbourne (si estamos juzgando frontmanship)
14- Peter Gabriel
15- Roger Waters
16- David Gilmour
17- Debbie Harry
18- Joey Ramone (está Iggy, está Lou Reed, está Dylan y no está él)
19- Jhonny Rotten
20- Chrissie Hynde
21- Bruce Dickinson
22- Rob Halford
23- Ian Atbsury
24- Ian Curtis
25- Robert Smith
26- Peter Murphy
27- Sting
28- Michael Hutchence
29- Dave Gahan
30- Tracy Chapman
31- Perry Farrell
32- Michael Stipe
33- Mike Patton
34- Chris Cornell
35- Layne Staley
36- Eddie Vedder
37- James Maynard Keenan
38- Scott Weiland
39- PJ Harvey
40- Mathew Bellamy
41- Brett Anderson
42- Jarvis Cocker
43- Liam Gallagher


"This one's for ya, Rolling Stone!" (Grace Slick)

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Thursday, March 26, 2009

The Radiohead Experience


No iba a ir. No pienso pagar 300 mangos para ver a nadie -salvo que alguien resucite a Morrison, Hendrix o Lennon- y además a Radiohead ya lo había visto. No solo eso, en las condiciones en que los había visto -en primera fila, dentro de una carpa con capacidad para 1000 personas- lo hacían por completo insuperable. Claro, todo esto me lo repetía a mi mismo una y otra vez en los días previos al recital, pero a medida que se acercaba la hora mis convicciones flaqueaban y crecía mi certeza de que me iba a querer matar por no haber ido. A todo esto, hará cosa de un mes, mi amigo Matías me cuenta que conocía una chica, novia de un pibe que laburaba en la organización, que le había dicho que nos podía hacer entrar. Le dije que me subía a esa movida. ¿Qué mejor ingreso que uno bien punk rock antisistema? ¡Fuck Ticketek! Claro, todo esto lo pensaba con una sonrisa irónica en los labios, porque estaba absolutamente seguro que la chica no nos iba a hacer entrar. En mi memoria todavía flotaba el partido definitorio de Boca en el Apertura'92, cuando no saqué entradas porque un compañero de Facultad me garantizó que ibamos a entrar gratis merced a las buenas artes de uno de los de seguridad de La Bombonera que era amigo de él. Todavía recuerdo la carita de este muchacho cuando llegamos al lugar en el que lo había citado y el quía nunca apareció. Bien, algo así esperaba.
Sin embargo, llegó el día y la oferta se mantenía firme. No solo eso, llegamos al lugar al que nos habían citado, y la chica estaba allí esperándonos. Un par de llamados de celular y apareció el novio en cuestión. Así que empezamos a trasponer vallados y controles como por arte de magia, con la sensación latente de que en cualquier momento se nos cortaba el chorro y no revoleaban de una patada en el orto. Pero no... De pronto, estábamos allí adentro, frente al escenario. Y fue recién entonces cuando REALMENTE caí en la cuenta de que iba a ver a Radiohead.

Había gente a paladas, más aún de la que pensé podía llegar a haber. Ya los había visto en primera fila, así que descarté sumergirme en la marea humana, y me quedé atrás, charlando con Matías, hasta que Kraftwerk dejó de aburrirnos con su música sin alma y Radiohead apareció en escena. Repito: yo no esperaba que aquel recital en Gales pudiera ser superado, menos aún estando lejos del escenario -a la altura de la torre de sonido- y no lo hizo. Pero sí lo equiparó. Y lo hizo no solo porque fue un recital de puta madre, sino porque al verlo desde dónde lo hice, pude disfrutarlo de manera distinta a mi primera experiencia con los cabeza de radio. Pude escuchar toda la banda, hacerlo con tranquilidad, gozar de la puesta en escena a pleno. Y asombrarme hasta el empacho de lo clara que la tienen estos tipos, de lo definido de sus conceptos estéticos, de cómo hacen una puesta en escena increíblemente grosa -y artística- con recursos mínimos o con los mismos recursos que diez mil bandas repiten hasta el hartazgo de la misma monótona manera (las pantallas con imagenes, las luces). No acá. No ellos. Radiohead combina a la perfección TODO para que lo que veas sea arte en vivo. Hay concepto detrás de cada detalle. A eso sumémosle la capacidad para deconstruir las canciones y remodelarlas sobre el escenario en tiempo real. En fin... No alcanzan las palabras para explicar la experiencia que es un show de Radiohead. Uno se va y no te importa si no tocaron alguna canción en particular -los vi dos veces y ninguna de las dos veces tocaron "Fake Plastic Trees", mi favorita- o si tocaron el disco nuevo entero... porque además de eso tocaron otras 16 canciones. Es decir, Radiohead hizo 25 temas en total. Y tocaron "Creep", concientes de para quién estaban tocando (¿la cazás, Billy?). Y Thom Yorke tiene una voz de puta madre. Y no pierden tiempo tratando de hacerse los amiguitos: en vez de discursos pedorros, tocan canciones, que para eso vamos. Y Johnny Grenwood es un ser de otro planeta. Y no te interesa que el pelotudo del sonidista arruine "Airbag" porque el resto del sonido es inconcebiblemente perfecto. Y la base es un reloj. Y suenan mejor que en los discos. Y Ed O'Brien es un sutil realzador. Y... por suerte fuí.

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Friday, October 31, 2008

Videos del mes

Y en noviembre, mes de mi cumpleaños, como no podía ser de otra manera, la cosa va a ser a puro grunge, y exclusivamente de Seattle.

“Smells like teen spirit” - Nirvana
Obvia, sí, pero esta canción me cambió la vida y a unos cuántos más. Y manteniendo la línea de obviedad, va con el video original, que es magistral. Obviamente, pueden obviar este tema.



“Gun” – Soundgarden
Oh bueno, Soundgarden tiene tantos pero tantos buenos temas... Pero este es uno de mis favoritos de los viejos tiempos. Y encima sacado de "Louder than live".



“Ain’t like that” - Alice In Chains
Ladies and gentlemen: the coolest singer on the face of Earth.



“Once” - Pearl Jam
¡Oh hermosos tiempos de Pearl Jam! Tengo una foto de este recital en la tapa de mi carpeta de mis tiempos de universitario. Y un tema que toda mi vida quise hacer con alguna de las bandas en las que estuve, pero no pude.



"Hallo of ashes” - Screaming Trees
Me costó mucho elegir un tema de los Screaming Trees. Mi mente -o lo que queda de ella- pensó automáticamente en hits como "Nearly lost you", "Shadow of the season" o "All I know", pero opté por "Hallo of Ashes", que prueba todo lo bueno y original que fue el último disco de la banda.


Bonus track:
Como auto regalo de cumpleaños anticipado, me entrego ami mismo este clasiquísimo, con el mejor dueto de los '90. Y soy tan bueno que lo comparto con todos ustedes.

“Hunger strike” - Temple of the Dog

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Wednesday, October 29, 2008

Popurrí de alta velocidad

Últimamente ando hasta las manos con los tiempos. Demasiado. Tanto, que no tuve tiempo de escribir ninguna de las cosas que tenía ganas. Por eso este popurrí, para al menos dejarlas planteadas.


- El Superclásico. Boca ganó uno de los más devaluados -según el plumerío- de los últimos tiempos. Craso error: ningún superclásico está devaluado per se, y menos si lo ganás de visitante, con un hombre menos y dejando a tu rival en el último puesto de la tabla. ¿Las perlitas? Los hinchas de River, que constantemente se autorevindican como incondicionales de su equipo, puteando a sus jugadores en el primer tiempo y dejando la cancha antes de que termine el partido. Después hablan de banderas negras... La otra perlita: ese taco excelso de Román (chequear a partirde los 2'15) en el último minuto del partido es un verdadero poema futbolero.


- R.E.M.: Lamentablemente mi situación financiera me va a hacer perderme ese recital. Así, en lo que va del año no pude ver a: R.E.M., Kaiser Chiefs, Mars Volta, Nine Inch Nails, Black Rebel Motorcycle Club, The Cult, The Hives, The Jesus and Mary Chain... Este sin dudas ha sido el año más "para atrás" de mi vida en cuanto a asistencia a recitales.


- Diegote en la Selección. Fue una verdadera crónica de una decisión cantada. ¿Alguien podía dudar de que Diego iba a ser el elegido? Ya era hora. Se lo merece como nadie y está en un gran momento anímico-mental-salud. Solo quienes, por edad o desinterés, no pudieron verlo defender la camiseta de la Selección, pueden estar en contra o no entender las razones de esta elección. Puedo equivocarme, pero le tengo una fe ciega. Eso sí, el grado de poder dictatorial de Grondona no deja de generarme una náusea profunda: la Selección es de su propiedad privada de él.


- Las AFJP. Un tema tratado como todo en la Argentina. A ver, las AFJP como institución fracasaron estrepitosamente. Si las AFJP quiebran, mi guita se la queda el señor AFJP y andá a cantarle a Gradel. Pero para un enorme sector de la población, la palabra Estado es sinónimo de curro e ineficiencia, al lado de la panacea que representa el sector privado. Entonces, en un principio, comparto la idea de reestatizar las jubilaciones, porque creo en el Estado y descreo del discurso deificador de lo privado. El problema es el de siempre. ¿De qué Estado estamos hablando? ¿Del sueco, del estadounidense, del chileno? ¡Nooooo, amigos y vecinos! Estamos hablando del Estado argentino que lleva años demostrando que sí, es ineficiente, chorro, clientelista, etcétera. En consecuencia, con uno o con otro me voy a quedar sin plata si es que llego a viejo. La única diferencia es que al Estado podré reclamarle que me devuelva la plata, mientras que al señor AFJP no, porque no voy a tener guita para tomarme un avión a las Bahamas.


- La sensación de inseguridad. Tema urticante como pocos, también es tratado the argentine way. Porque si bien los lectores de La Nazion piden Napalm sobre La Cava y Fuerte Apache (posta) y criminalizan la pobreza, también es agotadora la postura de la izquierda que de tan concentrada en cambiar el fondo -algo que lleva años- termina no cambiando nada, y encima trata las noticias como las trata: basta leer la exasperante levedad con que Página 12 trata la noticia del gendarme asesinado "por diversión" en Fuerte Apache para comprenderlo. Está claro que, como para la derecha solo los burgueses somos gente honesta y trabajadora, para la izquierda solo el proletariado tiene derechos humanos. En fin...

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Thursday, October 16, 2008

I'll give you something that you won't forget



"Hace mucho que queríamos venir", dijo Weiland y doy fe que no fue demagogia. Porque allá por el '94 tuve mi entrada para verlos en Obras, y hubo que devolverla cuando se canceló la fecha, encarcelación de Weiland mediante. Bien, les tomó 14 años, pero volvieron para reivindicarse. Y vaya si lo hicieron...
Cuando vi a Weiland en el poster del Pepsi pensé: "Este muchacho no llega con vida al recital". Pero después entré yo en la competencia: el domingo me agarré una angina brutal y el martes a la noche estaba haciendo un revival de Fundaleu, con 40 de fiebre, el cuerpo sacudiéndose en chuchos de frío, y las sábanas empapadas. Lógicamente, si esperé 14 años, sabía que iba a estar ahí aunque sea con 40 de fiebre. Y estuve nomás.
Para la ocasión contaba con la asistencia de varios amigos, todos amantes de los STP, pero sin relación entre ellos: Mariano, Matías, Jero, Santz y Maga. Intenté encontrarme con todos, pero sin éxito. Mariano se ubicó al pie de una de las torres y alegó "ya no estar para estas cosas", por lo que no se mandó adelante. A Santz lo encontré -o mejor dicho me encontró él de casualidad- recién al final. Mi querido amigo Matías hizo honor a su apodo de "Torrado" y llegó tarde, así que nos encontramos a la salida. Con Maga nunca pude pasar de la comunicación vía SMS. Y con el que sí me encontré fue con Jero, con quien nos lanzamos hacia la batalla. Porque a diferencia de otros recitales en ese mismo estadio (Cornell, Patti Smith, Stooges, New Order), en los que la asistencia habrá rondado las 10 lucas, acá había el doble. Estaba hasta las manos, lo que me dejó en claro que el grunge acá tenía un público, pero le faltaban bandas locales acordes.
Como en Pearl Jam, fue hermoso meterse en el túnel del tiempo y ver bermudas, camisas leñadoras y remeras de las que ya no se venden. Pero fue más hermoso aún lo que entregaron los Pilots. Es que había mucho temor previo sobre el estado de Weiland; algunos rumores decían que se olvidaba las letras, otros que se quedaba sin voz a mitad del recital... Toda esa batería de paranoia fue desactivada por completo, apenas la banda apareció de la mano de "Big empty". Porque Weiland tenía su voz intacta, como también su showmanship. Cierto, como alguno dijo por ahí, su ronroneo a la hora de hablar entre tema y tema elevaba sospechas de empastillamiento, pero quien ha visto videos de la banda en vivo, sabe que el tipo es en general, digamos... sinuoso. Y el resto de la banda estaba en forma, así que se abocaron a incendiarnos la peluca.



Porque, queridos amigos y vecinos, la banda no estaba presentando disco alguno, ergo se despacharon con una ametralladora de clásicos y no tanto, como para que nos sacaramos la leche de años de espera. De hecho, por como venía el panorama, en un momento llegué a tener la esperanza de que por fin se me diera ver una banda que tocara absolutamente todos mis temas favoritos. Pegó en el palo, porque faltaron "Unglued" y "Pretty Penny". Pero tocaron nada más y nada menos que siete temas de su primer disco, y eso sí que no suele ocurrir. Y nos licuaron el cerebro de grunge con "Big bang baby", "Lounge fly", "Vasoline", "Carckerman", "Dead and bloated" y sí, sí, "Sex Type thing". Era como haber saltado al '94. También tocaron cosas como "Interstate love song", "Creep", y "Plush", singles que fueron cantados por el público palabra por palabra, aunque no se cuentan entre mis favoritos. Metieron los dos mejores temas de "Nº4" ("Down" y "Sour girl"), y sorprendieron con cosas como "Sin" y "Wicked garden". En fin, tocaron casi todo lo que había que tocar, y lo hicieron de puta madre, como para dejar en claro que, lo que se dice rock, se terminó a mediados de los '90.

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Tuesday, October 07, 2008

Videos del mes

Entramos en los '90 de la mano de algunas bandas que nacieron en los '80 pero alcanzaron su máximo nivel de grositud en la hermosa década del grunge y el brit pop. La excepeción es Depeche, que parecía condenado a desaparecer entre tantas guitarras distorsionadas y supo reinventarse a sí mismo.

“Rush” - Depeche Mode
Uno de los muchos temas que me parten la cabeza de "Songs of faith and devotion".



“Kool thing” – Sonic Youth
¡Hay tantos temas de Sonic Youth! Pero éste es unaprueba de la grositud de Kim. Y además me trae muybuenos recuerdos.



“Leave” - R.E.M.
Descomunal canción de uno de los discos más infravalorados de R.E.M. Siempre quise hacerla con Zelig.



“Midlife crisis” - Faith No More
Mi favorita de Faith No More, lejos. Patton sos demasiado groso.



“Chloe dancer/Crown of thorns” – Mother Love Bone
Algo se estaba gestando en el noroeste...



Bonus track:
“Three days” - Jane’s Addiction
Simplemente la mejor canción de todos los tiempos. Ergo, merecía una excepción a la pedorra regla de cinco videos por mes.

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Saturday, July 26, 2008

Supermassive White Rock



Este paparulo se encontraba como lo ha estado los últimos días: al borde del colpaso, producto de una ampliación en la familia, que forzó una ampliación en la casa, que forzó una ampliación en el presupuesto, que forzó una ampliación en el horario laboral, que forzó una ampliación en el stress de quien escribe. Cuestión que me llama mi primo Hernán y me pregunta: "¿Vas a ir a ver a Muse?". "¡Ah! ¿Vienen?", pregunté despistado, calculando que vendrían al Pepsi Music o algo así. "¿Cuándo tocan?", pregunto. "En dos semanas, decime porque estoy haciendo la cola para comprar las entradas", me apura.
La cosa, entonces, empezó así. No me imaginaba que iba a ver a Muse y mucho menos tan de un día para el otro. Lógicamente, me sumé a la adquisición de un pullman a módicos 30 dólares, y -como dijo Hernán- "agradeciendo a los oligarcas que se compraron todas las de 100 dólares" que nos hubieran resultado inaccesibles y dejándonos el remanente a los subhumanos.
El sitio era el Gran Rex, donde había estado por última vez viendo a Winton Marsalis, y donde mi última -y única en ese lugar - experiencia rockera había sido con el gran Lou, allá por el '96. No he visto muchos recitales de bandas grosas en teatro, apenas dos veces a Lou, dos a Fish (invitado por mi hermano) y una a Jethro Tull. Así que me sentí bastante raro. Por un lado se agradece poder ver y escuchar con infinita comodidad, pero por el otro no hay que olvidar que esto es rock, y la pasión es elemental. De todas maneras -me hago cargo- mi gataflorismo es importante, ya que no me gusta ir a ver bandas grandes estadios, pero me congela verla en teatros. La posta es en micro estadios como el Club Ciudad, o como Obras. En fin...
Cuestión que fuimos con Hernán, y nos encontramos con dos amigos, Lucho y Miguel, que también se habían apersonado y estaban un par de filas más adelante.
Yo sabía cómo sonaba y se veía Muse en vivo, por posesión de un DVD de la gira de "Absolution", pero las imagenes correspondían a estadios, no a un teatro.
Pues bien, cuando los muchachos arrancaron para matar con la seguidilla "Map of the Problematique", "Supermassive Blackhole", "Dead Star" y "New Born", instantáneamente tuve en claro varias cosas. La primera y más importante es que los tipos aman el mismo periodo de tiempo musical que yo: '67 a '75. Pero, a diferencia de lo que harían bandas como los Black Crowes, por ejemplo, que son más clacisistas y se ven y suenan como una banda de esa época, Muse -en términos de sonido, estilo y composición- suena como una banda actual. Pero abrevan todo en el periodo mencionado. Y ese todo es, por ejemplo, el descomunal volumen al que tocan. Sin embargo, a pesar de semejante descarga de decibeles, los tres tipos -bien a lo 70's- son terribemente virtuosos, entonces suenan precisos, redondos, perfectos. Y uno no pueda evitar pensar en Rush. Matthew Bellamy se declara admirador de Hendrix y Robert Johnson y, aunque su música es claramente blanca y le debe más por momentos al Volga que al Mississippi, la herencia de Hendrix se ve en las cosas que trata de hacer con la guitarra, particularmente en el uso del feedback.
Y no solo a Hendrix, sino a todo el periodo mencionado, le deben esa voluntad por descontruir los temas y lanzarse de lleno a zapadas de neta cepa setentosa. A lo que se suma el carácter épico, por momentos bombástico, de su música que le debe tanto a Zeppelin -a quien homenajearon ya en el segundo tema- como a Queen. Muse tiene las lecciones bien aprendidas: su música es claramente "progresiva" en su concepto e intención, pero no se pierde en el onanismo barroco del rock sinfónico setentoso, sino que utiliza elementos de música clásica -y de otros estilos también- pero siempre en el marco del rock y de hacer canciones, con estrofa, estribillo y puente. Y, para cerrar el párrafo referido a las virtudes de la banda, la voz de Bellamy es descomunal. De hecho, venía de ver a dos tipos que estan en el indudable top 5 de las voces del rock (Cornell y Dickinson), y Bellamy entra en ese Top 5 seguro. Es realmente impresionante.


Pues bien, volviendo al clima del recital. La cosa bajó un poco los decibeles con "Butterflies & Hurricanes", "Feeling Good" y "Sunburn". No porque sean malos temas, para nada, sino porque después de un arranque demoledor, le bajaban un poco los decibeles a la cuestión y eso enfrió un tanto el panorama. Vino un pequeño jam entre la bata y el bajo y volvieron con "Invincible", un tema de esos que le gustan más a las chicas... Me empecé a poner mal. Estaba incómodo en un asiento, casi forzado a ver un recital de rock como si fuera un crítico de cine y encima los muchachos se me estaban poniendo mimosos.
Entonces decidí aplicar una argentinada. Espero me entiendan: el rock está ante todo.
Me fui de mi asiento y me senté escaleras abajo, a la altura de los que habían garpado 150$. Y, casi como justificando mi accionar, en ese momento Muse disparó en andanada cuatro de mis temas favoritos: "Hysteria", "Starlight", "Time is Running Out" y "Stockholm Syndrome". Fue, claramente, el momento en que más disfruté el recital. Terminado ese set, la banda se despidió muy escuetamente (cabe aclarar que el contacto con el público es mínimo) y se fue por bambalinas. Era obvio que iba a haber bises. Y los hubo nomás: "Soldiers Poem", "Plug in Baby", y "Knights of Cydonia" conformaron un cierre digno, aunque se hubiera agradecido sobremanera un "Muscle Museum", pero bueno, todo no se puede.
La conclusión final es que fue uno de esos recitales que, no sé si a alguno de los que leen esto le ha pasado lo mismo, disfrutás realmente cuando ya pasó y terminaste de sopesar el calibre de lo que viste. O para ser preciso como Muse: a pesar de que faltó pasión debido a las características del lugar, la banda me licuó el cerebro. Y eso siempre se agradece.

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Friday, July 04, 2008

It's sad...

Hoy pensaba en las canciones que me hicieron llorar. No son muchas. Pensaba también en cuáles de esas canciones me habían hecho llorar por las características emocionales propias de la canción, y cuales por que simplemente aparecieron en momentos emocionales complicados para mí. En general, como es lógico, se trató del segundo caso.
Pues bien, extrañamente hay una sola banda que tiene dos canciones que me llenaron los ojos de lágrimas. Es Pearl Jam. La primera canción de Pearl Jam que me hizo moquear fue "Black". Era 1992, mi novia Astrid me había dejado para irse a estudiar a Estados Unidos y estaba hecho un moño. Creo que el único dolor que considero hermoso es el dolor por amor, el dolor de raíz romántica. El corazón es un músculo elástico, y ni hablar cuando se trata de amores perdidos. Nuestro mundo parece desintegrarse y perder todo sentido y nos arrastramos como patéticas muecas de nosotros mismos, llorando por nuestro corazón roto y por la pérdida del ser amado. Muy en el fondo, disfrutamos ese dolor.
Claro, hay otros dolores. La siguiente vez que me hizo llorar "Black" fue en 2005. Hacía veinte días que había salido de FUNDALEU y estaba viendo a Pearl Jam. En aquel momento, me costaba creer que estaba vivo. Era una sensación de irrealidad constante. Me miraba las manos, los dedos, y los movía, tratando de captar que eran míos, y que los estaba moviendo porque estaba vivo. Es muy difícil de explicar lo que sentía en ese momento. Pero, estando en el recital, émpezó a sonar "Black" y me quebré. Empecé a llorar a mares, inconteniblemente. Estaba descargando toneladas de angustia. Prefiero llorar por amor...
Pero hay otra canción de Pearl Jam, que es una de mis favoritas y que me ha hecho llorar también. Se llama "Sad" y está en "Lost dogs". El 23 de diciembre de 2005, un mes después del recital de Pearl Jam, menos de dos meses después de que saliera de FUNDALEU, se murió mi primo Feni. Tenía 34 años y para mí era un hermano, sin un mínimo atisbo de exageración. De hecho, como teníamos casi la misma edad, era como un mellizo. Feni murió de un aneurisma. Fue de pronto, sin aviso previo. Un tipo deportista, sin vicios, pero que laburaba demasiado: era cirujano infantil y laburaba le pagaran o no. Tenía un corazón gigante, pero ese corazón le falló de pronto. Dejó a su mujer y a su hija, de la misma edad -en ese entonces- que mi mujer y mi hijo. No solo fue perder a un hermano, se le sumó ver reflejado en él, lo que podría haberme pasado a mí. La realidad es que fines de 2005 y principios de 2006 no fueron los tiempos más sanos para mí, mentalmente hablando. Bien, la letra de "Sad" es para mí como si se la cantara la mujer de mi primo a Feni.

"If just one wish could bring him back..."

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Friday, May 16, 2008

Los líricos

The Marott armó su ranking y me hizo una pequeña trampita, al incluir los cantantes con guitarra. En mi primer ranking los dejé afuera porque me centré ante todo en lo que yo explique que debe ser un vocalista, alquien que tiene mucho de performer. Pero, eso me obligó a dejar afuera a otros héroes, que son los que me influenciaron desde otro lugar: la parte lírica. Más allá de que sin dudas hay gente como Morrison o Perry Farrell que también se han destacado como letristas, generalmente el tipo que toca la guitarra y canta a la vez, suele hacer las letras. Y las letras suelen ser demasiado buenas. He aquí algunos ejemplos, escuchen la música, sí, pero también las letras:

1- Bob Dylan
Dylan es un poeta y un escritor, punto. La riqueza en el uso del lenguaje lo ponen en otra categoría. Un grande más allá de su limitada capacidad vocal.




2- John Lennon
Evolucionó de la letra pop, simplona, a la letra artesanal, de una sencillez temática y una claridad expresiva inigualables. ¿Puede alguien describir mejor los celos?




3- Lou Reed
Un inconcebible narrador de historias urbanas y creador de climas densos. Si no es el mejor letrista, pega en el palo.



4- Ray Davies
Maestro absoluto del costumbrismo inglés, generaciones enteras aprendieron a escribir letras escuchando a los Kinks. ¿O me equivoco, Damon Albarn?



5- Neil Young
Como bien señaló Marott, una voz única, no justamente dotada, sino más bien frágil y vulnerable en apariencia, pero capaz de desatarse... como un huracán. Escuchen la primera estrofa: ¿puede alguien resumir mejor toda la canción en un par de frases?



6- Bob Marley
El profeta podía ser dulce, romántico, sexy, místico o combativo, y siempre, pero siempre sin perder la capacidad de emocionar. Un groso. Esta es para Marotín.



7- Nick Drake
Su voz y sus letras evocan imágenes de un otoño eterno. Y esa es mi estación favorita...



8- Roger Waters
Maestro de la depresión. Las palabras y su manera de marcarlas eran una unidad expresiva única.



9- Robert Smith
Romanticismo gótico en su máxima expresión, Robert hizo de sus quiebres y meandros una marca registrada.



10- Kurt Cobain
El delivery de Kurt era visceral, pero líricamente el tipo era delicado, casi evocando el espíritu de Nick Drake. Acá una versión muy especial de "Aneurysm" ...



Bonus track: Bono
No puedo dejarlo afuera si hablo de líricos. Alguien que escribe la letra de One merece estar presente sí o sí.

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Thursday, May 15, 2008

Rockanroll nennne

Me meto en el sitio de la Rolling Stone y así me entero que Whitesnake tocó ayer en el Luna Park. Cada cual roba como puede y no soy nadie para cuestionarle al bueno de David si necesita hacer un billete. Tampoco me voy a detener en exceso en la nota de Sebastián Feijoo, quien se excede un tanto en su mal disimulado fanatismo al calificar a Coverdale de "mejor cantante de la historia del hard rock", cierta ignorancia al decir que lo negativo del grunge fue que "se llevó buena parte del entusiasmo por la guitarra", cuando lo que en realidad y por suerte se llevó fue el exceso de pirotecnia onanista, para volver a usar la guitarra para hacer canciones y también cosas bastante más interesantes. En lo que quise detenerme, aquello que me arrancó una sonrisa y me hizo evocar instantáneamente a Pomelo, fue el playlist que aquí reproduzco.

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Tuesday, May 13, 2008

Diez héroes diez

Inspirado por mi amigo Agustín e impulsado por mi compulsión a los listados, decidí hacer un Top 10 de los mejores vocalistas del rock. Ahora bien, antes de que repasen la lista y me empiecen a enrostrar ausencias, pienso señalar algunas cuestiones que considero básicas a la hora de hablar de lo que yo entiendo debe ser un vocalista de rock. Y aún así, la tiranía del número y del gusto personal, hará que se ausenten unos cuantos que muchos-entre ellos, yo mismo- consideraran indispensables. Pero bueno, decidí acotarlo a diez, así que…

Cinco reglas básicas del buen vocalista de rock:

1- Te dedicarás a cantar, sin usar guitarra u otro instrumento al mismo tiempo, salvo ocasionalmente. Esto deja afuera de la lista a John Lennon, Kurt Cobain, Roger Waters, Thom Yorke y muchísimos más. Para mí, el instrumento del vocalista es la voz.

2- Serás claramente un frontman: ergo, estás ahí adelante, comandando todo, sos el vínculo entre la banda y el público. Obligarás a que todas las miradas se depositen en vos, forzando a los otros miembros de la banda a tener que hacer solos para que les presten atención.

3- Deberás ser muy, pero muy cool. Tu aspecto debe llenar la vista, dominar la atención, y generar una legión de imitadores. Sí, la imagen es todo.

4- Tu voz, siendo tu instrumento, debe ser única e inmediatamente distinguible. Es una marca, como el sonido del guitarrista. No solo tenés que estar dotado aunque sea mínimamente desde lo técnico, sino que el registro y/o el timbre deben tener alguna peculiaridad que lo distingan.

5- Tendrás que tener actitud. Ser un niño salvaje, ser un paladín del rock, ser una bestia sexy, ser un drogón reventado, ser un poeta torturado, ser un lunático indescifrable, o todo junto, pero eso hace al carisma, sin el cual es imposible aspirar al puesto.

Dicho esto, acá van los diez elegidos, pura y exclusivamente en orden cronológico, y no de preferencia personal. Acompaña un videito de cada uno, para verlos en acción:

1- Jim Morrison
Poeta, místico, sexy, cool, borracho, drogón, blues man, ¿hace falta más?



2- Iggy Pop
La Iguana le enseñó y le sigue enseñando a generaciones enteras lo que debe ser un cantante de rock. Una bestia salvaje fuera de control. Podrán imitarlo, pero igualarlo jamás.



3- Robert Plant
Otro que generaciones enteras han intentado imitar, sin éxito. Ese registro, ese contoneo, esa imagen en el borde mismo de la androginia, esa presencia escénica... una verdadera divinidad griega del rock.

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4- Ian Curtis
Al leer las letras de Ian Curtis, uno cree estar leyendo algo escrito por un tipo con muchos años vividos, sensación que se hacía carne en su voz de barítono, aunque tuviera 22 años. Todo en Ian Curtis transmitía intensidad, tensión, angustia que necesitaba ser liberada. Si hasta el tipo hizo de su epilepsia un baile...



5- Bruce Dickinson
Simplemente, el paladín del metal por definición. Dueño además de una voz que desafía el paso del tiempo, de las giras y de lo que venga.



6- Perry Farell
Probablemente uno de los tres mejores frontmans de la historia del rock y el creador de lo que debe ser un vocalista de rock "alternativo". Perry es absolutamente inigualable, único e imposible de comparar con nadie.



7- Mike Patton
¿Qué se puede decir de este delirante? Una voz descomunal y una capacidad para usarla que no tiene parangón dentro del rock.



8- Chris Cornell
Bueno, ustedes han leído mis posts sobre este muchacho. No tengo mucho más que agregar a esto...



9- Layne Staley
Y llegamos al cantante más cool de la historia del rock. Pero Layne no se limitaba a chorrear onda por cada poro, simplemente traten ustedes de llegar al coro de "Man in the Box" o de "Would?" y después hablamos...



10- Eddie Vedder
Muchos tal vez me discutan a Vedder y otros tantos lo vana defender a ultranza, justamente porque creo que el tipo genera amor u odio sin términos medios. Pero más allá de la sobreactuación a la que tendía en sus primeros tiempos, el tipo tiene una voz de la hostia y le pone una entrega conmovedora.

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Wednesday, May 07, 2008

27 de febrero de 1997

Inspirado por mi gran amigo Marott, quien se puso evocativo en su blog, me puse a rastrear hasta que encontré un recuerdo totalmente inesperado y por ello doblemente grato. Aunque incompleto, los invito a compartir conmigo algo que había consignado en mi post "Rock on!" y que ocurrió una extraña tarde febrero de 1997, en el Convention Hall de Asbury Park, New Jersey...

Tool – “Stinkfist” Live at Asbury Park 1997


Tool - "Sober" Live at Asbury Park 1997


Tool – “Prison Sex” Live at Asbury Park 1997


Tool –“H” Live at Asbury Park 1997


Tool – “Eulogy” Live at Asbury Park 1997


Tool – “Intolerance” Live at Asbury Park 1997


Tool – “Opiate” Live at Asbury Park 1997

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Saturday, March 08, 2008

El padre de todos los pasos, la madre de todas las batallas


Mi primer contacto con Iron Maiden fue allá por 1983. Yo tenía 13 años y escuchaba cosas como los Beatles y Pink Floyd, por herencia familiar, "Thriller" de Michel Jackson porque era el disco del momento, y otras cosas que surgían de la radio. Pero no tenía ni la más remota idea de lo que era el heavy metal. Un día, fui a lo de un compañero del colegio, chileno él, y entré al cuarto del hermano. En la pared había un poster gigantesco en el que una suerte de zombie aterrador, vestido con un uniforme inglés de caballería, sostenía en una mano una bandera destrozada, y en la otra una espada ensangrentada. "Iron Maiden" se leía arriba, en una tipografía que tenía mucho de germánico, y abajo, unas letras rojas rezaban "The Trooper". "¡Uau!", pensé en ese momento, pero no me atreví a más. Todavía era muy pendejo.
Tres años después, ya no lo era tanto. Y entonces cayó a mis manos otro disco. En el que el mismo zombie brotaba de una tumba, energizado por un rayo preternatural. "Live after death" decía esta vez. Sería escucharlo para saber que estaba ante el mejor disco en vivo de la historia. Entonces iniciaríamos una cofradía de cultores de Maiden junto a mis amigos Matías y Mele. Lógicamente que compraríamos los discos pertinentes, pero antes de hacerlo escucharíamos "Live after Death" hasta saber cada nota, cada grito de Dickinson, cada rugido del público. Y desearíamos una y otra vez haber podido estar en Long Beach y ver ese recital de antología.
Pues bien, 23 años después, el sueño se hizo realidad. Mele no estaba ahí para presenciarlo -vive en México-, tampoco estaba otro cuya presencia se imponía (Agustín, mi hermano en el rock, actualmente en París). Pero me tomé la libertad de invitar a Matías y también a mi primo Hernán, otro gran amante de Maiden con quien había ido a verlo las últimas dos veces.
Llegamos a Ferro y nos encontramos con la desorganización pertinente, traducida en una sola cola para que entraran 30 mil tipos. Sin embargo, tras caminar cuatro cuadras hacia atrás, doblar en una esquina y hacer otras tres cuadras, llegamos a las vías que pasan detrás de la cancha de Ferro, a un baldío siniestro (digamoslo suavemente) en el que unos chaboncitos fumaban paco y miraban la cola con ganas de hacer una redada de billeteras, apenas desalentados por el importante número de huestes metaleras que hubieran hecho complejo el emprendimiento. De todas maneras, no estuvo de más el comentario de Matías: "Te la regalo ser los últimos de esta fila".
Cuestión que, afortundamente, la cola avanzó rápido. Fuimos testigos de hermosas postales de la iconografía más paradigmática del heavy metal: todos los estereotipos estaban allí, juntos y listos para dar un paso en la batalla, paso que no sería uno más, sino el definitivo. Otra postal memorable fue la de la pila -nos llegaba a la cintura- de parafernalia metalera -CUERO Y METAL- confiscada a las huestes por unos poco comprensivos personajes de seguridad: el último sol de la tarde le sacaba destellos a las tachas de los cinturones y muñequeras apiladas. Los héroes no podrían regresar con ellas o sobre ellas.
Una vez dentro, fuimos tratados a una suerte de Avril Lavigne metalera por la banda de la hija de Steve Harris. Nuestro respeto al héroe del bajo impidió presenciar escenas de sana intolerancia. Finalizado el innecesario set, se apagaron las luces y se prendió la máquina del tiempo. Bastó ver aparecer un Spitfire en las pantallas, para saber con qué iban a largar. Y entonces Churchill empezó con "We shall go on to the end, we shall fight in France, we shall fight on the seas and oceans, we shall fight with growing confidence and growing strength in the air, we shall defend our Island, whatever the cost may be, we shall fight on the beaches, we shall fight on the landing grounds, we shall fight in the fields and in the streets, we shall fight in the hills; ¡we shall never surrender!"... y nosotros con el delirio.
Churchill no había terminado de hablar y yo les dije a Matías y Hernán: "Muchachos, lo siento pero me voy adelante. Nos vemos en el auto". Y como un desaforado me sumergí en la marea humana, intentando aproximarme a ese escenario en el que la banda ya atacaba con "Aces high". Para cuando "Two minutes to midnight" nos confirmaba que se venía una reproducción exacta de "Live after death", ya estaba a diez metros de un escenario que lucía tan egipcio como hace 25 años, con un Eddie faraón de fondo, flanqueado por el Eddie cyborg de "Somewhere in time" y por el Eddie de "Seventh son of a seventh son". Llegó la hora de "Revelations" y yo ahí adelante, sin poder creer que fuera cierto, que no me iban a cagar, que a estos tipos realmente les interesa darle felicidad a sus fans, entregándoles eso que soñaron escuchar durante más de veinte años. Y, como para que no nos quedaran dudas, el propio Bruce -enorme Bruce, con su prodigiosa voz intacta- nos lo confirmó, anunciándonos que iban a tocar "Live after death" y "un par de cositas más".
Entonces, el telón del escenario se corrió, dando lugar a uno nuevo, en el que aparecía aquel poster que había visto 25 años atrás en la casa de un flaco chileno. Solo que un cuarto de siglo después "The Trooper" es uno de mis cuatro temas favoritos de Iron Maiden. Enloquecido, aullé ese coro sin letra, intentando que ese momento glorioso no fuera arruinado por los pelotudos que gritaban "¡Argentina, Argentina!" o que le tiraban cosas a Dickinson cuando, vestido con el uniforme pertinente, sostenía una destrozada Union Jack.
Pero claro, yo estaba ahí por un motivo esencial, soñando con escuchar una canción en particular, por eso cuando el telón volvió a cambiar, esta vez en versión cubierta de barco fantsma, y Bruce dijo "This is what not to do if a bird shits on you", empecé a gritar como un desaforado. Evidentemente quienes estaban a mi alrededor no habían entendido lo que se venía, ya que no reaccionaron de la misma forma. Claro que en cuanto largaron con "The Ryhme of the Ancient Mariner" se desató la locura absoluta en Ferro. ¿Cómo explicar la grositud de ese momento? Imposible, tendrías que haber estado allí. Tendrías que haber visto las caras de esas huestes metaleras en pleno orgasmo simultáneo y masivo. Tendrían que inventar una palabra nueva para definir ese momento. A ver, para el que no entienda: mi canción favorita de Maiden -y de muchos otros- tocada por primera vez en por lo menos veinte años. Punto.
Pero la banda estaba decidida a no darnos respiro, entonces todos sabíamos que venían "Powerslave" y "The number of the beast". Y vinieron nomás, con el campo entero delirando en un mosh de proporciones pantagruélicas. Finalizadas ambas joyas y mientras sonaba "Heaven can wait" (canción de Somewhere in time" que nunca me emocionó demasiado), quien suscribe acusó sus casi cuarenta años de edad, y emprendió un prudente retroceso, en busca de un breve descanso que me permitiera afrontar el glorioso final con las energías pertinentes. Porque es cierto, se sucedieron clásicos como "Run to the hills", "Can I play with madness", "Iron Maiden", o "Moon child"; también es cierto que sonó "Fear of the dark", el mejor tema del disco homónimo. Pero lo que yo quería eran los dos integrantes que faltaban a mi Top 5 de canciones de Maiden (siendo las otras tres "Rhyme of the ancient mariner", "The trooper" y "Number of the beast") que llegaron para la apoteósis final de una noche perfecta: "The clairovyant" y "Hallowed be thy name". Para ese entonces todas mis ansias de heavy metal habían sido saciadas. Los científicos dicen que es imposible viajar en el tiempo. Los que estuvimos en Ferro el 7 de marzo de 2008 sabemos que no es verdad.

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Tuesday, January 29, 2008

Whatever happened to my rock and roll

Zelig fue la banda con la que más cerca estuve de "pegarla", pero sobre todas las cosas, fue la mejor banda de la que formé parte. Lamentablemente, por un lado no acompañó la suerte, pero por el otro, a la suerte hay que ayudarla y nosotros -mezcla de desconocimiento y desidia- no lo hicimos, así que todo terminó a fines de 2004. Eso no quita que extrañe la banda y extrañe rockear todos los días de mi vida. Acá van las que a mi juicio fueron nuestras mejores canciones, algunas se escuchan mejor que otras, algunas están grabadas en estudio y otras son en vivo, en algunas canta Carlos y en otras canto yo, pero todas, todas -creo- merecieron mejor suerte.

Window
Primer tema de nuestro primer disco. En vivo sonaba infinitamente más poderoso. Aún así fue elegido tema de la semana en Rock and Pop, dos veces.



82nd street song
Segundo tema del primer disco. La versión de estudio se vio beneficiada por la presencia de una guitarra acústica además de la eléctrica.



Lucy says
Una suerte de homenaje a la Velvet, siempre fue uno de los temas preferidos por nuestro "público". Al estilo "Yesterday" de los Beatles -salvando las inconmensurables distancias- se me ocurrió mientras dormía, me desperté y anoté los acordes en un cuaderno.



Cartas
También del primer disco, era otro favorito del público. Con Carlos en voz principal y yo en coros. Nuestro invitado especial metió su voz en la intro. ¿Lo reconocen?



Carne
Del primer laburo. Tema catártico como pocos, uno de mis favoritos personales.



Not again
Me fascinaba este tema, pero Carlos lo fraseaba mejor. Así que lo cantó él y yo le metí coros, con lo que quedó muy bien. En estudio le metimos un violín que se funde en el solo de viola. Quedó copado.



Hush
Tema que solíamos usar para abrir los recitales. Enfermito como pocos, salió redondo, aunque en el estudio no logramos plasmarlo como era en vivo. El solo de Agustín es asesino.



Manhattan
Este mastodonte iba a ir en el segundo disco, pero no llegamos a grabarlo porque se produjo la debacle de 2001 y nos quedamos sin guita. Esta es una versión en vivo de 1999. Incluye terrible solo de Agustín. Carlos es la voz líder y yo hago coros.



Smile
Este era el tema de difusión de nuestro segundo disco y es definitivamente una de mis canciones favoritas de la banda. Fue la que elegimos para hacer nuestro único video. El laburo de viola de Agustín en este tema es formidable.



Nothing
El otro candidato a video, y canción favorita de Carlos. Hermoso solo -cortito y efectivo- de Agustín y tremendos coros de Ale.


Sunday
Esta fue en realidad la primera canción de la banda. La escribimos en conjunto con Carlos y nunca terminábamos de encontrarle un sonido que nos convenciera. Cuando finalmente lo logramos, a mediados del 2004, la empezamos a trabajar, pero la banda se separó poco después. Así que solo la tocamos dos veces en vivo, esta fue la primera de ellas, de allí la ausencia de la percusión pensada para el estudio, y también ciertas crudezas...

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Pruebas al canto




Un amigo estuvo visitando el sitio de Chris Cornell, se metió en la página de fotos y se bajó una del recital en Buenos Aires. ¿Y quién estaba allí, en primera fila, barbita grunge, mano extendida en gesto de "no podés ser tan groso"? Efectivamente, el autor de este blog. Y bueno, serán los quince minutos de fama. Efímera, por cierto. Pero es lo que hay...

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Tuesday, December 18, 2007

Reflexiones post Cornell



Si tocaba ésta dejaba de ir a recitales.




Si la tocaba con estos muchachos colapsaba de emoción


Por ahí leí que el show del Flaco fue "guitarrero". Perdón, pero yo entiendo que un señor mayor hace un show guitarrero cuando hace esto:

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Wednesday, December 12, 2007

"¡Fornícame, dios del rock!"

El sábado podía pasar cualquier cosa, aunque yo esperaba lo peor. Tenía la entrada para, finalmente y luego de esperar ansiosamente durante más de 15 años, quedar cara a cara con quien para mí califica entre los tres mejores cantantes de la historia del rock y quien fue mi héroe personal durante los hermosos días del grunge. Pero claro, después de verlo en su etapa Audioslave, hiperproducido, tostado, con claritos en el pelo y musculosas ajustadas, mis temores eran grandes. Esa imagen de estrella de rock estaba demasiado lejos de mi imagen de héroe del rock -dos conceptos muy distintos- de bermudas rotosas, borcegos, el pelo larguísimo tapándole la cara y la Gibson colgando. Y mis temores aumentaban desde el costado más importante: el musical. ¿Haría la gran Corgan y tocaría solo cosas de sus discos solistas? ¿Haría un show versión crooner al que le metería un par de canciones -tranquis, eso sí- de Soundgarden en plan edulcorado? En mi fuero interno, tras años de seguir la carrera de este muchacho, declaraciones de principios incluidas, abrigaba una esperanza de que no fuera así. Pero temía ilusionarme. Así que fui con expectativas bajísimas, dispuesto a darme por hecho si escuchaba un "Black hole sun" y un "Fell on black days", y a contentarme con ver al tipo de cerca, y comprobar si en vivo canta todo lo que canta en disco.
A eso había que sumarle que hasta casi el mismo día del recital no contaba con acompañante alguno. Todos aquellos a los que otrora les gustara Soundgarden, hoy se reían y me anunciaban un show más semejante a Ricky Martin. Afortunadamente, mi hermano en el rock, Agustín decidió venir, a pesar de compartir mis inquietudes. Pero bueno, de última iríamos, nos reiríamos un poco como solemos hacerlo y la pasaríamos bien de todas maneras.

Llegamos temprano para conseguir entradas, cosa que resulto de lo más sencilla. No sobraba la convocatoria, así que conseguimos el ticket para Agustín sin necesidad de hacer cola. Adentro toda la maquinaria Personal estaba a full tratando de ponerle onda a un evento por demás extraño -meter en un mismo escenario a Spinetta, Happy Mondays y Cornell es por lo menos bizarro- a puro peluquín de colores y stand de boludeces. Así que tras recorrer un poco el lugar y tantear a algunos de los distintos artistas que se presentaba en escenarios diversos nos aprestamos a ver al Flaco.

El show arrancó a pura depresión, llevándonos a hacer la batería de chistes irónicos mezclados con crítica constructiva que nos caracterizan con Agustín. A ver: Almendra, Pescado Rabioso, Invisible... Todas gemas que convirtieron al Flaco en uno de mis héroes del rock vernáculo. Pero su carrera solista, en general, siempre me pareció MUY aburrida. Amo el jazz, y amo el rock, pero detesto la combinación de ambos. Me parece que es un híbrido que no satisface a nadie, con excepción de quienes lo están tocando. Y lo que teníamos en el escenario era esa música soporífera, con músicos sesionistas con la clásica actitud "mirá como pelo, soy re pro", sin transmitir emoción alguna, cero vibración. Lo que bajaba del escenario era un compendio de música sin alma, tocada sin pasión. Afortunadamente, la segunda mitad del show levantó un poco la puntería. Fue como si el Flaco hubiera advertido que no estaba tocando en un teatro para sus fans más acérrimos, sino en un festival en el que tenías amantes del pop, el dance y el reviente (Happy Mondays) por un lado, y adoradores del grunge y el metal (Chris Cornell) por otro. Y que la paciencia tiene un límite. Así que aparecieron un par de clásicos -esos por los que el Flaco muestra una inexplicable vergüenza- como "Starotza" de Pescado y una versión aggiornada de "Ana no duerme" de Almendra (con Dante y Valentino aportando viola y rap, respectivamente), además de esa linda gemita pop que es "Seguir viviendo sin tu amor". Así finalizó el Flaco.
Llegaba el turno de los Mondays. ¿Qué podría pasar con estos héroes del reviente madchesteriano? ¿Las desafinadas de Shaun Ryder superarían las de Ian Brown hace unos meses? ¿Y qué onda Bez, el bailarín oligofrénico? ¿Seguiría presente?
Las dudas se esfumaron en un abrir y cerrar de ojos, cuando la banda arrancó lista para matar haciendo el hiperclásico "Kinky Afro", con Bez tan oligofrénico como hace 20 años, Shaun Ryder más afinado aunque más quieto y luciendo un mortal look Ubaldini de Manchester. Y por supuesto la indispensable presencia de Rowetta, bancando todo el show desde lo vocal. Shaun es un capo. Parado delante de la bata, cual si estuviera en la puerta de un pub de Manchester, gasesosa en una mano, chicle del Vasco Olarticoechea cosecha '86 en la boca, y la otra manito en el bolsillo, el tipo sostiene todo con esa actitud mínima, dejándole a Rowetta la parte pesada del cantar, y a Bez el entretenimiento. Y funciona. Especialmente porque las canciones son inoxidables. El beat inconfundible de Manchester que impulsa al baile hasta a un cementerio entero lo sostiene todo. Y así desfilaron hits al por mayor: la mencionada "Kinky Afro", "God's Cop", "Halleluya", "Loose fit" y "Step on" nos alegraron la noche, con esa cualidad que tan bien definió Agustín de "situarte en un tiempo y lugar determinados" (manchester, infes de lo '80, en este caso). Y esa es una de las características que más amo del rock. Si a eso le sumamos que los Mondays hicieron enojar a Fito Páez porque le tapaban su show (¡hacete de abajo, llórón!), la cosa no pudo ser más completa. Así, sorprendidos por un show infinitamente mejor de lo que imaginábamos, nos aprestamos a esperar a Cornell.
Apareció la banda, haciendo una intro y ya nos gustó que el arranque pintara rockero. Entonces
entró él, y no lucía como la versión Audioslave. Cierto, no era la bestia grunge de "Louder than live" o "Motorvision", pero sí tenía el aspecto normal que se aprecia en las fotos. Lo que no fue normal fue el comienzo, porque cuando uno apenas esperaba lo que conté al principio, el animal abrió con "Drown me in you" y "Outshined" de Soundgarcen, seguido inmediatamente por "Show me how to live" (probablemente la canción que más me gusta de Audioslave). ¡Para qué! Con semejante comienzo me daba por hecho, pero nos esperaba más, mucho más. Cornell demostró que la tiene clara y que -a diferencia del pelotudo de Billy Corgan- era perfectamente consciente de que los que estábamos allí queríamos ver a Soundgarden y, si quedaba tiempo, a Audioslave. Entonces apenas tiró tres o cuatro temas solistas "Can't change me", más dos temas nuevos, más la canción del soundtrack de Bond. Punto. El resto fue glorioso. Porque sí, estuvo "Black Hole Sun", como era de esperar, pero de pronto apareció "Spoonman" y "4th of july", y para el delirio absoluto, dos gemas que nuestra imaginación más afiebrada no hubiera podido considerar seriamente dentro del play list: "Slaves and bulldozers" y "Rusty cage". A esa altura yo prometía que si tocaba "Jesus Christ Pose" podía dar por cerrada mi vida recitalera y no ir a ver a nadie más. También tocó cosas de Audioslave ("Cochise", "Like a stone", "Be yourself", que estuvieron superlativas. Pero entiéndanme: yo soy fan de este tipo por Soundgarden. Soundgarden es LA banda grunge que más amé. Y el tipo nos regaló esas siete canciones. Absolutamente en la gloria, con Agustín gritábamos pletóricos de histeria rockera aquella frase que apareciera en la película The Doors: "¡Fornícame dios del rock!". Y Cornell respondía con una voz que no tiene parangón, inconmensurable y descomunal voz. Respondía con eso, y anunciando que, como su amigo no había venido, íbamos a tener que ayudarlo nosotros a cantar la siguiente canción. ¿Cómo qué canción? El único dueto que tiene Cornell: "Hunger Strike" de Temple of the Dog. Al borde de las lágrimas de la emoción me convertí en uno más de los muchos Vedders que ahullábamos "I'm going hungry". Aunque a esa altura ya no lo estuviera. Todos mis apetitos rockeros habían sido saciados y cómo. "Espero que la próxima vez no me tome tanto tiempo en venir" se despidió. Amén.


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Wednesday, October 03, 2007

Rock On!


Continuando con mi afición por los listados, acá van los 15 mejores recitales internacionales que tuve la suerte de ver. El orden es cronológico.



NIRVANA
Fecha: 30 de octubre de 1992

Lugar: Estadio Vélez Sársfield

Pocas veces se da la suerte de ver a una de tus bandas favoritas en el momento justo, y no cuando vienen viejos, gordos, pelados y con la mitad de los miembros bajo tierra. Bueno, a mí se me dio con un par. Nirvana fue el primero de ellos. Tras fracasar en mi objetivo de llegar a Lollapalooza y ver a Soundgarden y Alice In Chains, pude darle un inmejorable destino a lo que había alcanzado a juntar trabajando denodadamente como mozo, juntando moneda sobre moneda de propinas. Enterarme de que venía Nirvana fue como una iluminación que me mantuvo en éxtasis hasta el instante en que, anonadado pude ver a Kurt parado sobre el escenario. Pasaron Los Brujos, más que dignos soportes. Sucumbieron las Calamity Jane a la ira intolerante de los energúmenos. Se enojó Kurt y nos dejó sin Smell Like Teen Spirit. Pero, a pesar de todo eso, a pesar de que muchos consideraron flojo el recital justamente por el enojo de Kurt... ¡ví a Nirvana! No solo eso. Con Mele, mi compañero de aventuras en esa ocasión, saltamos haciaellugar por el que los músicos salían del escenario y nos cruzamos con Kurt y Cía. a quienes saludamos fanaticosamente, saludo que nos devolvieron con amabilidad y hasta cierta timidez.

* Para información más detallada de este recital, leer mi post "Twenty thousand macho men"




METALLICA
Fecha: 8 de mayo 1993

Lugar: Estadio Vélez Sársfield

En aquella época yo era un desocupado y por ende no tenía un centavo. Pero nada de nada. ¡Y venía Metallica! Ya me estaba resignando cuando desde el cielo llegó un ángel bondadoso, Romina, amiga de mi hermana que amaba el metal. Quién sabe de dónde ni cómo, consiguio entradas gratis y me regaló una. Después de soportar un olvidable show de Orcas, apareció Metallica, en la cumbre de su carrera, antes de volverse la patética parodia de si mismos en la que se transformarían después, antes de ser amiguitos de Bush, antes de muchas cosas feas, cuando uno los amaba descaradamente y disfrutaba cuando su cerebro era aplanado por esos riffs gloriosos. Y lo aplanaron nomás, quedó lisito lisito, a puro metal.


JETHRO TULL
Fecha: 5 de noviembre de 1994
Lugar: Estadio Obras

Bueno, Jethro Tull es una de mis bandas preferidas de los '70 y es un placer que comparto desde la adolescencia con Matías, uno de mis mejores amigos. Era también una de esas bandas que jamás imaginás que vas a poder ver en vivo, y mucho menos en la Argentina. Pero en los '90 estábamos de parabienes en ese sentido, así que cuando me enteré que venía Jethro Tull me pellizqué con una tenaza para garantizarme que no estaba soñando. Acto seguido, compré entradas para Matías y para mí. El tema era que el campo era carísimo, fuera de mis posibilidades ya que lo habían hecho VIP (léase: con asientos), así que saqué pullman en los costados. Pero, estando ahí y a punto de empezar el recital, con Matías evocamos los tiempos en que ibamos a ver alos Redondos en ese mismo estadio y, aprovechando que se pagaron las luces, nos descolgamos del pullman al campo, con tanta buena fortuna que descubrimos dos lugares vacíos... ¡en primera fila! Glorioso. Y no hablar cuando la banda se despachó con una seguidilla de sus clásicos, nada de boludeces ni temas nuevos. No señor: solo canciones de Aqualung, Minstrell in the Gallery, Thick as a brick, Benefit.... ¡Una joya!


PAGE/PLANT

Fecha: 23 de enero de 1996
Lugar: Estadio Ferrocarril Oeste

Bueno, ¿qué puedo decirles de esto? Momento glorioso de mi vida que solo podría haberse comparado con haber visto a los Beatles. Los dos héroes de mi adolescencia haciendo solo temas de Led Zeppelin. Punto. Baste decir que me encontraba en Mar del Plata y me tomé un avión, ¡un avión, sí! para venir a Buenos Aires a verlos. Que estuve, literalmente, en primera fila todo el recital, con los ojos llenos de lágrimas por la emoción cual groopie desaforada. Que no sé si fue así o no, pero que en mis oídos sonó como si Plant casi hubiera recuperado su timbre de los '70, y Page se hubiera olvidado de su artritis. Que estaba tan desesperado por verlos tocar que, quería que la banda soporte dejara de tocar lo antes posible. Y la banda soporte eran los Black Crowes, uno de mis guilty pleasures favoritos. Como si eso fuera poco, al volver a casa, portando una sonrisa que solo me podían sacar con varias cirugías plásticas, conocí a Agustín, mi enorme amigo y compañero de andadas rockeras memorables. Jornada completa.



SMASHING PUMPKINS
Fecha: 24 de enero de 1997
Lugar: Nassau Coliseum, New York

En 1997 me fui a New York solo con pasaje de ida. No bien llegué a me lancé a la caza de entradas para ver a todos los héroes del rock que pudiera. Bueno, los primeros que pude fue a los Pumpkins, entrada que compré a las pocas horas de haber pisado la Gran Manzana. En ese entonces no solo me encontraba en mi momento de mayor enamoramiento con las calabazas, sino que ellos estaban en plena gira presentación de "Mellon Collie and the Infinite Sadness". Nada más y nada menos. Así que, acompañado de Jackie, mi novia yanqui de aquel entonces y causal de mi presencia por esos lares, más nuestra amiga en común, Maga, trepamos al tren que nos llevaría al Nassau Coliseum, en Queens. En el camino nos pondríamos a charlar con un alemancito de uñas góticas, que acostumbraba laburar seis meses en Alemania, para ise a vivir otros seis a NYC y poder ver todas las bandas que le gustaban, además de estudiar música, que era lo suyo. Beneficios del primer mundo. Ese mismo alemancito a quien me cruzaría por la ciudad varias vesces después, sería quien se manifestara sorprendido de que en Buenos Aires hubiera autos. En fin, boludeces del primer mundo. Apenas llegados, me compré una hermosa remera azul de la gira, que terminé regalándole a mi amigo Mariano. Solo puedo señalar dos pequeñas salvedades que evitaron los 10 puntos para ese formidable recital. La primera era que... ¡todo era sentados en butacas! Imaginen no poder poguear el riff asesino de "Zero" por estar cómodamente sentado cual sala de cine. La otra era que, para colmo, al lado mío tenía un pelotudo borracho y bien, bien yanqui,que se empeñaba en explicarme todo lo que amaba a los Pumpkins, qué canciones le gustaban y por qué, hasta que no pude más y le tiré un: "I don't give a fuck! Get it?". Pero bueno, más allá de estos inconvenientes, el recital fue impresionante desvastador, una aplanadora de rock, con la sutileza de un set acústico en el medio, a milenios luz del pedorrísimo recital que dieron acá.


TOOL

Fecha: 27 de febrero de 1997
Lugar: Convention Hall, Asbury Park, New Jersey


Prácticamente un mes después del recital de los Pumpkins, y ya con Agustín en NYC, llegó el turno de otro recital de aquellos. En este caso agarrábamos a Tool, haciendo la gira de Aenima, su mejor disco. ¡Para qué! Estábamos de parabienes, o al menos eso creíamos. Porque nada iba a resultar fácil, y ese recital iba a ser una experiencia verdaderamente bizarra. El tema empezó porque tanto Agustín como yo estábamos parando en lo de mi novia Jackie, la cual vivía en ese momento con su madre. Digamos que la relación entre ambas nunca había sido sencilla y que Jackie -por ese entonces de 18 años de edad- había regresado a su casa tras hacer las paces con su madre. Pero claro, el acuerdo de paz implicaba varias cosas, una de ellas tener que lidiar con las altas dósis de paranoia de la buena mujer, quien veía a un proxoneta o un traficante de drogas en cualquiera que se acercara a su hija. Digamos que, a pesar de nuestras mejores intenciones y nuestro casi angelical comportamiento, la buena mujer nos miraba muy de reojo y controlaba nuestros movimientos. Así que determinados programas nos estaban vedados y había un toque de queda, que eran las 12 de la noche. Imagínense los estragos que esas limitaciones pueden causar en el joven rocker, estando en una ciudad como NYC. De hecho, Tool se presentaba como un problema garantizado. Pero Jackie mintió, dijo que ibamos a ver una obra de teatro llamada Tool y partimos con las palabras de la mujer rebotando en nuestros oídos: "Si no están acá a las 12, duermen afuera".

Para ir a la ciudad natal de Bruce Springsteen, donde tocaba Tool, debíamos tomar un tren y teníamos no menos de hora y media de viaje. Así que partimos nomás. La cosa continuó muy extraña desde lo climático. A ver, estábamos en pleno invierno, apenas un par de días antes habíamos tenido 15º bajo cero, y de pronto parecía un día de primavera. Hacía calor, mucho calor, tanto que podías estar en remera. Seguía siendo bizarro. Ni hablar cuando llegamos a Asbury Park. El cielo se había puesto gris, plomizo, y la ciudad parecía desierta. Bajamos del tren y preguntamos a un solitario empleado de ferrocarril dónde quedaba el Convention Hall. Siguiendo sus indicaciones caminamos a través de un barrio que más bien parecía un pueblo fantasma. No había NADIE en las calles, casi no había ruido. De vez en cuando pasaba un auto solitario. Los edificios de ladrillos gastados, alguna ventana rota, todo me hacía pensar en algún cuento de Lovecraft. Siguiendo las indicaciones, llegamos a una playa, el mar se había puesto verde esmeralda contra el cielo de plomo, los colores parecían saturados, todo era realmente inquietante. Estábamos allí parados, algo desorientados, cuando, caminando al costado de la playa vimos aparecer una peregrinación de acólitos de Tool, todo negro y metal. Los seguimos y así llegamos al Convention Hall, un lugar de apariencia muy semejante al Club de Pescadores de la Costanera. Eso era muy bueno, porque estaba garantizado que ibamos a ver muy bien desde donde estuviéramos.

Nos pusimos a hacer la cola en un hall desvencijado y pudimos apreciar que apenas un cordón semejante a esos de los cines viejos, nos separaba de la entrada al lugar donde iba a tocar la banda. Claro, pasado un rato escuhamos algunos riffs provenientes de allí adentro y, viendo que casi no había seguridad decidimos hacer una argentinada. Con Agustín y Jackie, simplemente saltamos el cordón y nos metimos con cara de "all access" en el lugar para quedar cara a cara con la prueba de sonido de Tool. Sí, como lo leen. Imagínense un lugar todavía más chico que Obras, y nosotros tres parados frente al escenario, a un metro de los cuatro brujos de la oscuridad. Disfrutamos de la prueba de sonido sin que nadie nos molestara, y salimos de allí solo para volver a entrar con el público.

Para qué les voy a contar lo que fue ese recital -abrieron los Melvins-, solo puedo decir que fue largamente uno de los mejores de los muchos que ví. Las dimensiones del lugar no podían sino favorecer el disfrute. Sumémosle un sonido demoledor. Un playlist tremendo. Maynard y Justin Chancellor casi desnudos, con sus cuerpos pintados de colores extraños, y las luces bailando sobre ellos, produciendo distorsiones imposibles, eran un espectáculo psicodélico como no volví a ver. La fabulosa combinación del sonido único de Tool con las hipnóticas imágenes proyectadas sobre el escenario y sobre los músicos a lo Warhol. Impresionante. Claro, había un pequeño problemita entre tanto disfrute: la mamá de Jackie.

Estábamos en pleno, cuando constatamos que eran las 22.50. Nuestros tickets decían que el tren partía a las 23 horas. Aunque estaban ya en los bises, el recital de Tool no había terminado. ¿Qué hacer? A regañadientes, muy a regañadientes, decidimos volver, para no afrontar las represalias de la buena señora. Corrimos por las desiertas calles de Asbury Park, hacia la estación de tren. Corrimos desperadamente, viendo como los minutos se consumían. Corrimos en vano, solo para ver partir el tren cuando estábamos a metros de la estación. Todavía respirando agitadamente, parte por la corrida, parte por la desesperación, encaramos al único guarda que quedaba en el andén, quien nos invitó amablemente a retirarnos, ya que no había más trenes hasta el día siguiente. ¡Oh sí, ahora sí que estábamos en problemas! Sin trenes, bien pero bien lejos de New York y con Die Fürherein contabilizando cada segundo tarde, nos esperaba una velada aciaga. Ni hablar cuando empezamos a fatigar las calles de Asbury Park tratando de encontrar alguna manera de volver. Los yanquis son de lo más avanzado del planeta, pero no cuentan con cosas básicas como un remise. ¿Por qué no se tomaron un bondi dirán ustedes? Dos motivos: el primero es que en bondi ibamos a llegar allá a las 2 de la mañana, los que nos garantizaba ser ejecutados sin juicioprevio; la segunda es que no solo no encontrábamos ninguno, sino que no encontrábamos a nadie que nos pudiera decir dónde y cuál tomar. De pronto, vimos pasar un taxi solitario. No quedó otra: estiramos la mano. La sonrisa del tipo cuando le dijimos que íbamos a Manhattan. "You made my day, guys!", declaró. Fue así que una hora y veinte, y 100 dólares después, estábamos en la ciudad que nunca duerme.

Habíamos llegado tarde. No solo eso. En el interín, la buena señora había hecho trabajo de inteligencia, había averiguado qué era Tool y dónde tocaba. Impiloteable. Recibimos todo tipo de puteadas y recriminaciones, y apenas pudimos ablandar unpoco el corazón de la señora como para que Jackie pudiera dormir adentro. Tras lo cual, la puerta se cerró en nuestras narices. Para colmo, la tempertura había vuelto a la normalidad. Ergo, hacía un frío de recagarse. ¿Dónde dormir, sin guita como para un hotel (además no íbamos a salir a buscar unhotel a es ahora de la noche)? Decidimos dormir en la escalera de servicio. Claro, el tiempo pasaba,la luz blanca nos taladraba lo sojos, la tortícolis nos toturaba los cuellos, y el frío aumentaba a pasos agigantados. Finalmente, tras un par de horas de pésimo pseudo dormir, con Agus optamos por ir a buscar una cafetería abierta y pasar las horas hasta el amanecer, a puro café y conversación adormilada. Cómo volvimos a la casa al día siguiente es toooda otra historia...


Explanada por la que se llegaba al Convention Hall


Entrada del Convention Hall



U2

Fecha: 7 de febrero de 1998
Lugar: Estadio Heladera Coca Cola

Un recital esperado durante al menos12 años, desde que empezaron a correr los interminables rumores de que "esta vez sí U2 venía a la Argentina". Digamos que más allá de muchas cosas que se puedan decir o pensar de Bono, U2 es una de mis bandas de cabecera por el sencillo hecho de que formó parte de la banda de sonido de mi adolescencia y que revalidó sus pergaminos cuando podría haberla cuestionado y dejado atrás: esto es en mi juventud (pero hizo "Achtung Baby") y en mi adultez (pero hizo "All that you can't leave behind"). Y como yo al rock no le pido salvadores políticos, sino salvadores emocionales, me nefrega si Bono es un falso o no en su cruzada humanitaria. Lo que me interesa es la música que la banda hace y las letras que Bono escribe. Y en eso, en la capacidad de construir desde épicos himnos de estadio hasta insuperables baladas intimistas, pocos pueden calzarse el sayo como U2. Así que, ni bien salieron a la venta las entradas, corrí a gastar por completo mi en ese entonces magro sueldo para adquirir boletos para los tres días. El tercero de ellos terminé regalándoselo a una chica de la que creía estar perdidamente enamorado y que no tenía un centavo para ir. Pero bueno, más allá de esos errores garrafales que uno puede llegar a cometer por unas polleras, las dos fechas que ví fueron fabulosas. Y especialmente la primera, a la que fui con la fan más rabiosa de U2 que conozca: mi hermana. Tan fanática es Ana, que averiguó cómo era el sello que te ponían en la muñeca para poder entrar al corralito (Domingo no te ponía ninguno, te metía de prepo nomás). Una vez que averiguó ese dato, se hizo fabricar un sellito, que ambos nos pusimos en la muñeca. Y entonces encaramos muy decididos hacia la entrada del corralito, confiando en nuestra argentinada. Salió de maravillas, porque pasamos sin mayores inconvenientes. Y si bien es cierto que la última vez que vinieron hicieron un playlist superior, si bien es cierto que "Pop" me parece uno de sus discos más flojos, estar ahí, a centímetros de los muchachos, sin ser aplastado por nadie, y disfrutando de canciones que me conmovieron durante más de lamitad de mi vida como "Sunday Bloody Sunday", "Pride", "One", "I will follow", "With Or Without You", "Bullet The Blue Sky", "Please", "Where The Streets Have No Name" fue absolutamente impagable. Momento único que empujó lágimas a mis ojos cuando la pantalla se puso roja y la guitarra de The Edge disparó "Where the streets have no name", tal como uno lo había visto en "Rattle and Hum", tal como uno había soñado verlo alguna vez.



OASIS
Fecha: 18 de marzo de 1998

Lugar: Estadio Luna Park

Paradójicamente, sin ser una de mis bandas favoritas, es a la que más veces ví (cuatro). De todas maneras, será la primera que abandone este listado el día que vea en vivo a The Cure, Rage Against the Machine, Rush o a la actual gira de Iron Maiden. Pues bien, eso no inalida la excelencia de sus segundo recital en el Luna Park, al que asistí acompañado de mi ex amigo Emiliano. Había ido el día anterior, llevando a Olga, una amiga llegada desde la lejana San Petersburgo. Pero a ella preferí llevarla a una cómoda -y más calma- platea. En cambio, con Emiliano fuimos al campo. Un campo extrañamente despejado, en el que uno podía ver sin necesidad de ser amasado. Y Oasis se despachó con un show demoledor, rock de guitarras químicamente puro. El volumen ratificaba aquella máxima rocker de "los oídos fueron hechos para sangrar", el playlist era inmejorable, ya que abarcaba sus tres primeros discos con lo queno faltaron "Rock and roll star", "Live forever", "Supersonic", Cigarettes and alcohol", "Aquiesce", "Wonderwall", "Morning glory"... y como si eso fuera oco, cerraron con "I am the walrus", mi canción favorita de los Beatles. Liam estuvo a full, al punto de putearse con uno del público que lo escupía y decirle en mancuniano que "lo esperaba a la salida". Hermoso.



RADIOHEAD
Fecha: 1 de septiembre de 2000

Lugar: Tredegar House, Newport, Gales

Con Marcela nos casamos en 2000 yhabía una cosa que teníamos clarísima: nuestra luna de miel iba a ser en Gran Bretaña. Una vez decidido eso y focalizadas todas nuestras armas económicas -lo que se traduce en que nos regalaran guita en vez de cosas, más lo que pudiéramos ahorrar entre los dos- me puse a investigar qué recitales iba a haber durante nuestra estadía por las islas piratas. Imaginen el calibre de mi emoción cuando descubrí que de todas las bandas posibles la única que tocaba cuando nosotros estuviéramos allí era Radiohead. Compré las entradas por la módica suma de 25 libras (menos de 50 pesos en aquel entonces), las cuales me fueron eviadas por correo. Temblando de la emoción retiré las entradas por el local del Correo Argentino, de Pueyrredón y Santa Fe. Claro, yo me había mandado sin más, pasándole por arriba a detalles como que el recital era en Gales, que no teníamo sla más remota idea de dónde quedaba Newport, ni como ir, ni dónde quedarnos allí. Pero bueno, esas era nimiedades porque ¡ibamos a ver a Radiohead!

Cuestión que estructuramos una parte de la luna de miel en función de ese recital: como íbamos a ir a Liverpool y Newport quedaba medianamente en el camino, partimos en tren desde Londres bajo una inevitable llovizna. Llegamos a Newport, que resultó ser una muy simpática ciudad costera. Módica, eso sí, y sin mayores atractivos que el recital y unas deliciosas y espumosas ales. Disfrutamos de la inconmensurable amabilidad de los galeses, quienes tuvieron gestos como mandarnos un champagne sorpresa al cuarto del hotel cuando se enteraron de que eramos "honeymooners". Pero claro, no estabamos para espumantes, porque a medida que se acercaba el momento, la ansiedad me devoraba. Por suerte estaba Marcela, para evitar que subiera y bajara de las paredes.

Tras averiguar que Tredegar's House quedaba en las afueras de Newport,encontramos el bondi pertinente que nos llevó, a través de la clásica campiña esmeralda de las islas, bajo el tornasol propio de la lluvia que partía y el sol que asomaba tímidamente. La población del bondi era una hermosa mezcla de jovenes fans de Radiohead, con laburantes de mediana edad, y ancianitos que parecían sacados de una película costumbrista inglesa.

Llegamos al lugar, que más que house debió llamarse Palace. Una tremenda casa victoriana, todo ladrillo y techo de pizarra, lucía una inabarcable y exquisita gramilla que oficiaba de jardín, y en cuyo centro se alzaba una carpa de aspecto circense. Allí, mis amigos, allí iba a tocar Radiohead. Lógicamente, antes de que ello ocurriera hicimos la colapertinente y una escala en los locales de merchandising, de los que me fui con dos remeras, una de ellas obsequiada por mi flamante sspossa. Entramos luego para relamernos desde el vamos: el lugar era diminuto. Traten de imaginar ver a Radiohead en un lugar del tamaño de la Trastienda y se van a hacer una idea. Sumémosle que los brits son inconmensurablemente respuetuosos, al punto que llegamos y nos paramos delante del escenario, exactamente en primera fila, y nadie nos sacó el lugar, ni nos apretujó, ni nos empujó o tapó la vista. Sin la más mínima exageración: vimos a Radiohead como si hubiera tocado en el living de nuestra casa.

Y el show, ¡oh el show! Los muchachos estaban a punto de lanzar "Kid A", así que presentaron el disco ahí mismo, tocaron todos los temas de ese álbum, más "Paranoid android", "Airbag", "Karma police", "Street spirit", "High and dry", "Creep"... Solo me dejaron con la leche mal, al no tocar "Fake plastic trees", la canción que más me gusta de ellos. Pero, se imaginarán que al lado de lo que fue eso no es que me hice demasiados problemas. No voy a detenerme en detalles de cómoes un show de Radiohead, porque todos los que esto leen han visto videos. Lo que sí quiero recordar fue el clima de irrealidad que sentí en ese recital justamente gracias a poder verlo tan tranquilo, de tan cerca, tan distinto a como se ve acá. Faltó la pasión del público de acá, es cierto. Pero en ese momento yo quería ver a Radiohead y no sé si tenía ganas de hacerlo apretujado y con un muñeco cantándome desafinadamente y a los gritos en los oídos, por eso bienvenida la flema británica para esa vez.


Entrada a Tredegar's House


En este jardín fue el recital





R.E.M.

Fecha: 17 de enero de 2001
Lugar: Campo Argentino de Polo

El Buenos Aires Hot Festival fue el último gran evento festivalero antes del derrumbe de 2001. Basta consignar que tocaron nada menos que Neil Young con Crazy Horse, R.E.M., Beck y Oasis para darse una idea del calibre del asunto. Los cuatro recitales fueron excelentes, pero el de R.E.M. alcanzó proporciones difíciles de igualar. Empezando porque era enero lo que hacía que hubiera menos gente en Buenos Aires y por ende cantidades aceptables de público en vez de un desmadre total (en general soy reacio a los recitales de estadio, como verán) y siguiendo por la llovizna persistente, que le dio al recital un clima de nostalgia y romanticismo incomparable, y terminando con el hecho de que Michael Stipe es un showman de la hostia, que te agarra de la mano y te lleva a través del recital como si fuera una experienca mántrica, el resultado fue memorable. Además dispararon todas las joyas posibles: Everybody hurts, Man on the moon, Losing my religion, It's the end of the world as we know it, The one I love...

WHITE STRIPES
Fecha: 28 de mayo de 2005

Lugar: Estadio Luna Park

Descubrí a los White Stripes en el 2002 y siempre me parecieron grosos, pero realmente no estaba preparado para lo que ví esa noche en el Luna Park. Que apenas dos músicos pudieran sonar así, no solo como una banda completa, si no como una banda completa de la puta madre. Da para reflexionar sobre la calidad de nuestra escena local actual... Salí de ahí diciendo: "así debe haber sido ir a un recital de Zeppelin". Es que la banda toma casi la smismas raíces que Zeppelin -el blues- y lo trasnforma en esa vorágine, en una aplanadora sónica en base al machaque primal de Meg, los aullidos a la Plant de Jack, y una pared de guitarras tocadas por un solo tipo y cargadas de blues asesino. ¡Qué suerte haber podido ver un recital tan groso, de la que quizás sea la mejor banda generación '00, y en su mejor momento!



PEARL JAM
Fecha: 25 y 26 de noviembre de 2005

Lugar: Estadio Ferrocarril Oeste

Sin dudas los dos recitales más emocionales a los que fuí en mi vida. Es simple, hacía menos de un mes que había salido de Fundaleu, después de haber jugado al ajedrez con la muerte y haber conseguido un rato más de changuí por acá abajo. Ni siquiera tenía el alta para ir a un recital -supuestamente la tenía el 1 de diciembre- por el riesgo que tenía de contagiarme cualquier cosa -mis defensas eran menores que las de un HIV-, pero había una sola cosa que tenía clara: iba a ir a como diera lugar. Había estado esperando durante casi 15 años ese momento y necesitaba como el agua estar ahí, hacer catársis de lo que me había tocado vivir. Y no existiendo ya Alice In Chains, no había mejor candidato para esa catársis que Pearl Jam, banda de sonido determinante de mi existencia. Las dos noches fueron memorables, pero sin dudas la primera tuvo un impacto mayor. Fui con Marcela, mi mujer, con mi amigo Mariano y, supuestamente, con el Negro. El único problema fue cuando, finalizando el set de Mudhoney, sonó mi celular. Era el Negro, desde La Bombonera, preguntándome si se había suspendido el recital, porque no había nadie. En fin... Tras semejante muestra de colgadez, lo enteramos de que hacía rato que se había cambiado a Ferro, le explicamos la manera más rápida de llegar, y le prometimos rezarle a los dioses del rock para que alcanzara aunque sea a ver algún tema de Pearl Jam. Dicho lo cual fuimos a ubicarnos a la explanada para discapacitados. Hubiera dado cualquier cosa por poder estar adelante de todo, pero como se imaginarán ya me daba por más que bendecido por poder estar vivo para estar ahí, así que no quise abusarme de mi suerte. Nos fuimos allí con Marcela, nos encontramos con Fede, con Juli y con Santi, con quienes charloteamos de lo que estaba por venir. Gocé evocando mis tiempos tabasquenses con solo ver los millares que habían sacado de algún placard polvoriento sus bermudas, sus leñadoras y sus remeras de Alice In Chains, Soundgarden, y toda la legión de Seattle. Y entonces vino Pearl Jam y un recital demasiado bueno para ser real, con canciones casi exclusivamente de sus cuatro primeros discos, con "Ten" casi entero ("Esta canción se iama Once", ¡¡¡gracias Eddie!!!) con mi amada "State of love and truth", con el cover de mi canción favorita de los Ramones "I believe in miracles", con el fantástico cover de "Rocking in the free world" (tema del gran Neil que hacíamos con Zelig), con mi llanto desesperado en "Black", abrazado a Marcela como si fuera la vida misma, con el "Hard to believe/finally the shades are raised" cantado con dientes apretados. Esos dos recitales fueron demasiado, fueron un regalo por el que siempre estaré agradecido.



THE STOOGES

Fecha: 22 de septiembre de 2006

Lugar: Club Ciudad de Buenos Aires


Recital al que en otro tiempo hubiera ido con mi ex amigo Emiliano (del que me separaron las cosas de la vida), pero al que terminé yendo con mi amigo Nacho (un regalo de esa misma vida). Éste fue mi segundo recital post leucemia, motivo por el cual entré un poco apichonado. Imaginé que la cosa podría ser hermosamente descontrolada y por eso me puse en un costado. Pero claro, no sé en que estaba pensando. ¡Eran los Stooges! El apichonamiento me duró exactamente hasta el segundo en que sonó el riff de "Down on the street" y el descomunal Iggy apareció así como lo ven en la foto. Totalmente fuera de control me lancé hacia adelante hasta apostarme en primerísima fila, lugar del cual me alejé a lo sumo tres o cuatro puestos, inmerso en esa hermosa marea humana de pogo frenético, inyectado a puro "Loose", "1969", "TV Eye", "Dirt", ""I wanna be your dog" (¡¡¡dos veces!!!) y "No Fun" (momento en el que no pude subirme al escenario por milímetros, cuando Iggy incitó a las huestes a copar el stage), estos dos últimos himnos del garage que perpetrábamos con Zelig. Los Stooges abrieron el Pepsi Music, que debió concluir apenas dejaron de tocar, ya que lo que vino después fue totalmente redudante. Qué se yo. Como rcoker, me daría vergüenza ajena pretender subirme a un escenario después de que un abuelito flaco y descontrolado, un gordito de anteojos en campera militar, y un simio con cap en la cabeza, me dieran de un saque todas las lecciones de lo que un recital y una banda de rock deben ser.



PATTI SMITH

Fecha: 3 de noviembre de 2006
Lugar: Club Ciudad de Buenos Aires


¡Qué, pero que grosa es esta mujer! Enamorado platónicamente de ella no podía creer que venía y fue la única razón por la que me gasté el huevo y medio que me salió la entrada del Bue. Para colmo fui solo de toda soledad, ya que soy el único ser humano entre mis conocidos al que le gusta Patti. Afortunadamente, allí estaba Fede (Billie para algunos) quien sabiamente había decidido chequear in situ a la leyenda. Para qué... A pesar de todo lo que la amo, no estaba preparado para semejante despliegue de grositud. Abriendo con "Gimme shelter", enamorándonos con "Redondo beach", dejándonos con las ganas de "Land", poguéandonos con "Because the night", delirándonos con "Free Money", llevándonos al éxtasis con "Gloria"... Demasiado, una mujer que podría ser la abuela de muchos, dando cátedra de rock en todos los planos. Lástima que solo duro una hora. No pude evitar odiar a Elefant por el tiempo que le sacó antes, y a los Beastie Boys por el que le sacó después.




NEW ORDER

Fecha: 18 de noviembre de 2006
Lugar: Club Ciudad de Buenos Aires

¿Pudo alguien idear un mejor regalo de cumpleaños? Difícil. Amo New Order. Su música está vinculada a algunos de los pocos momentos memorables de mi adolescencia. Pero más aún amo a Joy Division. Y si bien a Ian Curtis se le complicó venir, el solo hecho de ver al resto de la banda, en el día de mi cumpleaños, en primera fila, y haciendo "Ceremony", "Transmission" (tema que hacíamos con Zelig), "Atmosphere", "Shadowplay" (¡¡¡uno de mis favoritos de Joy Division!!!) y "Love will tear us apart", léase tocaron 16 temas de los cuales cinco eran de Joy Division. Sencillamente glorioso. Fui con Marcela, que también ama a la banda. Pero la pobre estaba embarazada, así que tuvo que conformarse con ir a la plataforma donde están los discapacitados, mientras yo me lanzaba como un desaforado hacia adelante de todo para quedar parado ahí, mano a mano con Peter Hook, el tipo gracias al cual alguna vez me puse a aprender bajo. Fue un momento teológico, místico, absolutamente inolvidable, la coronación de un año 2006 cargado de recitales de antología.









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