Friday, September 05, 2008

Chapeau, Heath



Hacía semanas que quería hacerlo pero, ustedes saben (o no), los niños y sus tiempos -y más con la edad de los nuestros- pueden volver imposible hasta la cosa más sencilla. Como ir al cine, por ejemplo. Pero claro, me negaba a tener que resignarme a verla en DVD.
Por eso, finalmente, anoche enganché una función a las 22, en el Unicenter, y dije: "me voy". Mi señora, que me conoce, que sabe de mi devoción por el personaje, se bancó apechugar solita con los tres infantes y así pude, finalmente, partir a mi encuentro con El Caballero Oscuro.
Qué decir... Qué bueno es cuando uno va a hacer algo con grandes expectativas y éstas son incluso superadas. ¡Esa sí que es una sensación!
Pues bien, "Batman, el Caballero Oscuro" consigue eso. Es una película magistral, perfecta. La mejor de superhéroes, por lejos, que se haya hecho hasta ahora. Y cuenta con el bonus del más grandioso Guasón de la historia del cine. Heath Ledger logra en esta que Jack Nicholson, nada menos, no llegue ni a atarle los cordones.
Sépanlo: no es para niños. Cómo podría serlo, estando Christopher Nolan detrás de cámaras. Es demasiado oscura, demasiado compleja, demasiado violenta.
El ritmo es impresionante, no te da respiro. Pero no es el ritmo de las películas de acción hollywoodenses, hecho de explosiones y persecuciones. Es ritmo cinematográfico. Es el pulso psicótico que le mete El Guasón. Es la tensión de una telaraña que se va armando alrededor de los protagonistas, sin que ellos puedan controlarla o siquiera darse cuenta, hasta que les explota en la cara. Es una caída hacia el vórtice de un huracán, lunático huracán como esa carcajada final del Guasón. Con ribetes shakespereanos, el filme se va crispando, oscureciendo, al compás de la decadencia moral de los protagonistas.
No es una mera película de superhéroes -de hecho: Batman no es un mero superhéroe-, es una obra maestra del cine policial. Es sencillamente im-per-di-ble. No digan que no se los avisé.

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Sunday, July 06, 2008

La libertad tiene su precio



Caminando por Florida encontré un muchacho que vendía películas truchas y que para mi sorpresa no solo tenía cosas como "Meteoro" (que le compré a Iván) o "Hulk", sino también "I'm not there" y "Persépolis", dos películas a las que les tenía ganas desde hace largo rato pero que mi falta de tiempo libre para ir al cine me había impedido ver.
Pues bien, gracias la piratería, tuve la chance de ver una de las mejores películas de los últimos años. Si "Persépolis" no es una obra maestra, pega en el travesaño, pica en la línea, pega en un palo y sale. Suscíntamente es la historia de Marjane Satrapi, una chica iraní que vive la caída del Sha, y el subsiguiente gobierno teocrático de los Ayatollah, que la fuerza a tener que irse a vivir a Francia para encontrar algo de libertad. La película es, justamente, un canto a la libertad. Pero no desde un lugar pedorramente hollywoodense. "Persépolis" está cargada de poesía, de humor, de tristeza, de una exquisita belleza, de la sabiduría que dan los golpes y de una enorme necesidad de vivir. El dibujo de Marjane Satrapi es notable en su expresividad y nos sumerge en la historia de una manera que no sé si hubiera sido posible si la película hubiera sido protagonizada por actores de carne y hueso. Y la historia en sí está fantásticamnte narrada, ya que te va sumergiendo en la opresión del gobierno de la Revolución a través de los pequeños detalles cotidianos, de la progresiva pérdida de libertad, del diario desencanto en el que suelen terminar las revoluciones, que llegan para dar luz a un mundo nuevo y terminan generando un infierno. No quiero extenderme demasiado en desmenuzar la película, ni en hacer un crítica. Solo quiero recomendarla decididamente a cualquiera que quiera ver CINE de verdad.

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Tuesday, June 10, 2008

Say it again, Sam

He aquí algunas de mis frases favoritas de la historia del cine. Faltan varias, lógicamente. Algunas eran demasiado largas, a otras no pude encontrarlas, y otras estaban en idiomas que requerían subtitulado, pero carecían de él (sueco, francés, japonés, etc). Pero bueno, acá van algunas que seguramente recordarán.

I am your father



Frankly, my dear, I don’t give a damn


I’ll be back


Say hello to my little friend


I’m going to make him an offer he can’t refuse


You talkin’ to me?


Do you feel lucky?


He’s looking at you, kid


Bond, James Bond


Here’s Johnny!


The stuff that dreams are made of

Warriors, come out to play!


Smells like… victory


We re gonna need a bigger boat


They pull me back in

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Friday, May 30, 2008

Indy no pierde las mañas



Necesito que quede claro: soy un fanático rabioso del cine de aventuras. En este tipo de películas además, soy muy clásico: me gusta que haya un héroe con puños de acero, de esos que nunca pierden el sombrero, me gusta que los malos sean viciosamente malos, me gusta que ocurran cosas imposibles que mi razón acepta porque está totalmente sometida al universo interno de la película. En síntesis, megusta que las películas de acción sean como Indiana Jones.
A eso se le suma un amor particular por Indy. Siempre me fascinó la Historia, desde muy chico. En primer grado yo generaba juegos con mis amigos que incluían: jugar a Taras Bulba, a Alejandro Magno, a Aníbal Barca... No confundía egipcios con cruzados, ni a Carlomagno con Alejandro. Y, lógicamente, tenía clarísimo que, cuando fuera grande, iba a ser arqueólogo. Así que pueden imaginar lo que fue para mí cuando me senté en un cine y conocí a Indy.
Está claro que Lucas y Spielberg -que son cualquier cosa menos boludos- tenían muy claro con que elementos confeccionar el personaje. Lucas quería resucitar el género de aventuras, ese que parecía absolutamente muerto a fines de los ’70. El género de aventuras que, en la oscuridad de las matineés de los ‘50, y también en las series clásicas de televisión de los años ‘40 y ‘50, como “Spy Smasher”, “Mashed Marvel”, “Perils of Nyoka” o “Secret Service in the Darkest África”, había embelesado a ambos amigos. Lucas estaba decidido a rescatar del olvido a esos aventureros de los años dorados de Hollywood, que en tierras lejanas e inexploradas, buscaban tesoros, al tiempo que salvaban chicas bonitas y le arruinaban a los nazis sus planes de dominación mundial. Y para realizar su sueño, Lucas había ideado a Henry “Indiana” Smith, un eminente arqueólogo que, cuando no estaba enseñando en la universidad, se convertía en un aventurero de la estirpe que Lucas había adorado en su infancia. Steven Spielberg quedó fascinado con la idea, más aún porque él soñaba con dirigir una película de James Bond, y visualizaba a Indiana Smith como una suerte de Bond, pero ubicado temporalmente en los años ’30 y sin la tecnología del agente británico.
Para alegría de Spielberg a quien no le gustaba el nombre, el Smith quedó en el olvido y fue reemplazado por Jones, manteniendo el “Indiana“, con el que George Lucas homenajeaba a su perro favorito. Lucas le encargó el guión a Lawrence Kasdan, quien había coescrito el de “El Imperio Contraataca”, pidiéndole un personaje que combinara el Erroll Flynn romántico pero cínico de El burlador de Castilla, con el Bogart duro e inescrupuloso de el “El tesoro de la Sierra Madre”. El diseño de la imagen del personaje cayó en las manos del dibujante de historietas Jim Steranko. Claro que Lucas tenía varios puntos muy definidos de antemano: Indiana debería usar un látigo, como El Zorro; un sombrero fedora y barba de tres días, como Humphrey Bogart en “Sierra Madre”; y una campera de aviador, evocando a Charlton Heston en “Secretos de los Incas”. Steranko aportó lo vistió de khaki, le colocó un cinturón Sam Browne (ancho, de cuero, con hebilla grande y una banda en diagonal sobre el pecho) y un viejo revólver en su respectiva cartuchera, igualito a Alan Ladd en “China”.
Después, hubo que buscar quién encarnara a Indy. Por suerte, a último momento se cayó Tom Selleck, y el elegido fue Harrison Ford. Nadie podría hacerlo mejor.
Tres maravillosas películas construyeron un clásico inoxidable. El tiempo pasó y un día, Lucas y Spielberg sintieron que todavía tenían historias para contar -que no me vengan con boludeces de "billetes para contar", los dos tipos no los necesitan- y 18 años después Indy se encuentra en un mundo distinto. Ya no hay nazis, ahora los villanos son lossoviéticos, ya pasó la Segunda Guerra Mundial -en la que el doctor Jones se había destacado como agente secreto, un guiño a Spielberg- y estamos a mediados de los '50. Son tiempos de Guerra Fría, macarthismo, ovnis, jets, terror nuclear, Marlon Brando y sus rebeliones sin causa... Inmejorables tiempos para ubicar una nueva aventura del gran Indiana.
El resultado es estupendo. Al principio, choca un poco ver a Indy avejentado, pero ese impacto se esfuma de inmediato. Es el mismo grandioso personaje, con menos destreza física, pero más mañas y más sabiduría. El paso del tiempo está excelentemente manejado, con humor y con vueltas de tuerca dentro de la historia que la enriquecen. Y el contraste entre el viejo héroe y este nuevo mundo, repleto de los elementos enumerados más arriba, le da un nuevo sabor a la historia y al personaje, que los revitalizan. Sintetizando, porque no quiero revelar nada de la trama: convoco a todos los fervientes seguidores del gran arqueólogo a visitar el Reino de la Calavera de Cristal. No podrán arrepentirse.

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